Siéntate
a la mesa.
Bebe un vaso
de agua. Saborea
cada trago.
Y piensa
en todo el tiempo
que has perdido.
El que estás perdiendo.
El tiempo
que te queda por perder.
(Roger Wolfe)
Saturday, July 26, 2008
Nunca pensé que fuera París la ciudad elegida, pero es lo cierto. Mañana a estas horas estaré dormida, callejeando o jugando a las cartas, poco importa, será París con sus sueños escondidos, París por primera vez, tan pronto. No sé si estoy preparada para afrontarla enterita, no sé qué sentimientos me van a nacer si cruzo el canal St Martin o veo botellas de Clochard en los supermercados, realmente no lo sé. La habitación, no hace falta decirlo, seguirá desordenada, pero hay espacios que cansan, y es una de las razones por las que no posteo ya aquí. Quería sin embargo despedirme... estaré perdida por la comunidad Blogger, entre verso y verso. Cuídense mucho.
ahí queda a las 23:09 |
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Saturday, May 31, 2008
A la abuela yo nunca se lo dije, igual abría la puerta y yo estaba con la ventana abierta haciendo como que miraba el ya tan monótono paisaje, entonces ella me decía, como puedes andar con la ventana abierta con el frío que hace, a estas horas. Siempre pensé que de saberlo toda la fe que ella tenía puesta en mi, todo lo que me apreciaba por ser la única que paseaba con ella los sábados por la mañana, iba a desmoronarse por completo en el momento en que yo le dijera lo que no sabía. Quería que siguiera pensando que mis pulmones estaban tan limpios como los de un niño pequeño que se revuelca en el suelo, nada de colores oscuros ahí dentro, la pureza y esas cosas que ella valoraba tanto. Con papá sin embargo pasó lo contrario. Aunque he de admitir que la primera vez dije no, como esas veces que una trata de negar algo que es más que evidente porque se siente culpable ese momento, luego ya le dije que era cierto, recuerdo que papá no se enfadó lo que yo esperaba, sólo me dijo que hacía mal y que lo dejara porque mamá estaba muy mal y no quería que yo terminase igual que ella. Por un momento pensé en hacerlo, luego volví a abrir la ventana, si algo está claro es que uno no hace caso porque alguien lo diga, prefiere equivocarse y vivir que negarse a hacer lo que quiere. Claro que papá ya sabía, y durante un tiempo lo aceptó como acepta uno que el hijo no estudia, porque los papás de hoy aceptan esas cosas sin plantearse nada, y entonces yo pensé que él realmente había asumido que no había nada que hacer, que cuando una hace algo porque quiere él no lo va a poder cambiar. Me equivoqué, y al tiempo papá volvió a decirme lo mismo, pero esta vez con el ceño fruncido, pegando golpes en la mesa y dándome sólo una opción a elegir. Me obligaba a deshacerme de ellos, de un día para otro, así sin más, cortar por lo sano, como se suele decir. Yo no sabía qué hacer entonces, le dije que eso no podía ser, que las cosas no se hacían así sino lenta y conscientemente, de otra manera me sería imposible. Pero él sólo escupía una y otra vez la misma opción: decir adiós. Así que abrir la ventana y ponerlo en mis labios se convirtió en una manera de enfrentarme a la autoridad que él, muy frágilmente, pretendía representar. Con mamá sin embargo no pasaba lo mismo. Ella me comprendía bien y aunque también me aconsejaba lo mismo, sabía que su voz no valía nada porque ella misma lo estaba haciendo. Terminó resignándose hasta que se dió cuenta que algo así podría unirnos más aún. Así que un día la abuela nos dejó, pobrecita, andaba ya con la cabeza ida pero yo creo que murió de amor, porque no aguantaba más aquí y quería irse ya con el abuelo, que al fin y al cabo fue su único compañero. Ella se fue sin saber que yo guardaba los cigarrillos bajo la almohada, y lo último que me regaló fue una sonrisa que iba a durar para siempre, porque yo sé que nadie va al cielo, por mucho que ella me lo dijera y entonces ahora por fin fumo libre y ella no me va a ver, pobrecita.
ahí queda a las 19:40 |
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Friday, May 30, 2008
Es curioso, pero a veces entre todas las fotos de un viaje siempre hay una que brilla con luz propia, y es curioso también ahora en este preciso momento, que esa foto haya sido hecha a través de un cristal, de estos que podríamos decir casi irrompibles y que sólo los tienen los hoteles caros donde nunca vamos a ir. O sea que, realmente es un hecho apenas imperceptible pero que sin embargo me lleva a una idea (de las muchas que yo tengo, algunos lo saben), desencadena pensamientos uno tras otro, como por ejemplo que quizá la belleza se ve sólo si es transparente, o que lo que más deseamos se encuentra tras un muro que siempre hemos de derribar. Claro que sobre esto último podríamos hablar largo y tendido, los deseos y los muros, frase que bien podría servir de título para englobar toda mi trayectoria poética, si acaso es trayectoria la palabra. Una escoge palabras no al azar (o quizá, sí) sino sencillamente como vienen, tal y como nacen rápidamente, sin meditación de por medio. La meditación conllevaría entonces a una pérdida de la pureza que poseen todas estas palabritas, así lo veo yo. Claro que lo veo ahora, igual mañana, o dentro de cinco minutos, después de haberme fumado un cigarrillo en la ventana, me lo tome de otra manera. Sin embargo hay cosas que no cambian nunca, son permanentes, y que me perdone Heráclito, pero a mi me gusta llamarlo, igual que a otros tantos, la esencia. Igual la esencia, estaba pensando, es un invento más. Probablemente lo sea, el caso es, qué problemas desencadena este invento. Tal vez la esencia sirva para justificarnos y no movernos, yo estoy muy bien aquí, con estas cosas que me he ido guardando y que no voy a cambiar. Igual quién sabe. Realmente no importa si cambian o no. Porque la cuestión sigue siendo la misma. Y yo podría responderme, la esencia no es más que la justificación de ser lo que ahora somos, porque ahora y sólo en este momento, no queremos que cambie. Claro que podría responderlo. Pero una no sabe si es el ahora lo que vale, o el luego, o el nunca. Una no sabe todavía. Aún todo es desorden.
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Sunday, May 11, 2008
Al principio mamá no me creyó cuando le dije que me iba de casa, a otra ciudad con vistas al mar para estudiar la carrera. No me dijo que estaba loca ni que no me dejaba huir de esa manera, al contrario, se quedó callada, con los ojos a punto de explotar de la impotencia de no poder retener más tiempo a su hija.
Que no podía soportar más esta ciudad, la misma gente alrededor, la misma disposición de los edificios cada viernes y sábado al volver a casa, la sensación de fracaso, los domingos en los que me levantaba con restos del lápiz negro en los ojos y dolor de cabeza. Que no quería agarrarme a esta ciudad como ella se había agarrado a mi, durante dieciocho años, que quedaba mucho, mucho por recorrer, y que la única manera era yéndome en ese momento.
Todo eso y mucho más le dije mientras seguía mirándome, callada, ya con lágrimas en los ojos. Yo esperaba reproches, una negación absoluta a esa libertad que había tomado a la hora de decidir mi futuro. No hubo nada. Mamá me abrazó muy fuerte y me contagió esas lágrimas espontáneas e inevitables porque, a decir verdad, yo también notaba que ella estaba alejándose a cada instante.
Sin embargo no fue eso lo que le dije cuando terminó nuestro abrazo. Que yo ya sabía que madre había sólo una y que no se podía cambiar por otra pero que, aunque pudiera, aunque me ofrecieran a un precio considerable una mamá mejor, yo ni siquiera iba a mirarla a los ojos, porque mi mamá era ella, única y preciosa, siempre llena de alegría, y jamás iba a haber nadie que la reemplazara.
Que la distancia no separaba a nadie le dije, sólo separa cuerpos, no corazones.
De este modo decidí partir hacia la ciudad costera donde estabas, con una maleta roja con la ropa y una negra con libros y el ordenador portátil. No era mi intención dejar atrás la vida sureña, únicamente crecer en un espacio distinto, donde todo fuera nuevo durante algún tiempo. Mirar a la gente, conocer a los vecinos, andar por calles desconocidas hasta que dejaran de serlo.
Todo se volvía impredecible a medida que me acercaba, excepto la seguridad de haber conseguido un trabajo de dependienta en una tienda de complementos que llevaba la madre de una amiga y que iba a proporcionarme un sueldo que no sabía hasta cuándo podría durar. Todo me era ajeno, excepto la sensación de sentirte cada vez más cerca.
Descendí del autobús azul y pregunté a una mujer donde se encontraba la tienda de discos en que trabajabas. Dejé las maletas en la consigna y me subí al metro. Me sentí durante todo el trayecto parte del conglomerado urbano que viajaba en los vagones, una sensación de alegría por las puertas que parecían abrirse nada más llegar. Luego me asaltó el pensamiento de inseguridad contrario, pero entonces sonó una voz avisando de la parada en la que había de bajarme y entonces ya sólo tuve ojos, manos y pies para llegar de repente y darte una sorpresa.
Tal y como había imaginado tu tienda tenía varias plantas, y en la tercera te encontrarías tú, trabajando en horario de mañana tal y como me habías dicho el día anterior, sin saber el porqué de aquella pregunta tan convencional y dominguera. Aparecí cuidadosamente invisible para que me diera tiempo a pensar algo. Me acerco por detrás y le abrazo, demasiado peliculero y pasteloso, llego y le digo hola, pensará que estoy de visita, le pido que me busque algún disco... un disco que hayamos hecho nuestro, sí.
Mirando al suelo y sonriendo por lo bajo, te dije el Revolver de los Beatles, ¿lo tenéis?. Y al principio estaba segura que me ibas a decir sí claro, una elección magnífica, aquí lo tenemos, tiene usted un gusto espléndido, y sin embargo abriste los ojos bien, que casi se te iban a salir y lo iban a inundar todo de agua del mar, y empezaste a reír y a decir no me lo creo, no me lo creo, pero, ¿eres tú?, sigo sin creérmelo, lo siento, y te diste la vuelta y te volviste a girar, sí sí, estás aquí, y entonces me abrazaste como yo quería desde hacía tanto tiempo.
Luego fue como viajar en metro todo el tiempo, decidiste dejar ese piso de alquiler compartido que ya conocías de sobra y nos fuimos a vivir a la calle Julio Cortázar para no tener que robar la placa ni ponernos medias negras en la cara para no pasar desapercibidos. Estaba cerca de la tienda de complementos donde yo trabajaba todas las mañanas de lunes a sábado y también de la facultad donde estudiaba Filosofía y Letras. Apenas nos daba tiempo de vernos por la mañana, pero frente a la negativa de que el piso alquilado se convirtiera en el único lugar de encuentro, cual matrimonio recién casado, cada día quedábamos para comer en un sitio distinto, olvidando por una hora que quién sabe cuándo nos volveríamos a ver.
Los jueves y viernes yo tenía las tardes libres, y como había veces que te tocaba el horario vespertino, salía a dar un paseo y aprovechaba para rellenar la libreta de hojas blancas, o comprarme algún libro de los pocos que tú no tuvieras en casa. Si al llegar aún no estabas arrancaba una de las hojas ya escritas y la pegaba en la puerta, para que la leyeras al entrar. Entonces te olvidabas completamente del calor que hacía en la calle a las once de la noche, o de la bronca de tu jefe porque estabas en las nubes últimamente.
Me achuchabas muy fuerte, hacías la cena y yo te esperaba en el sofá con un libro de Sabines en mis manos pequeñas mirándote como diciendo eso no es todo, amigo, y te acercabas sonriendo preparándote para lo mejor, un buen chute de poesía sabinera nunca viene mal, decías, y yo pensaba de mientras que cómo era posible que existieras a mi lado.
Otras veces entraba en casa y ya habías llegado, completamente enérgico y vital me decías, salgamos a la calle, vayamos a bailar, y a lo mejor era jueves u otro día intermedio, y al final pasábamos la mitad de la noche buscando un pub donde mover el cuerpo hasta que volvíamos a casa y poníamos cualquiera de mis discos que siempre te gustaban, y saltábamos en la cama hasta que nos dormíamos en la misma posición que habíamos caido.
Así que finalmente llegué justo a donde había(mos) imaginado, un lugar y una vida siempre en movimiento, en continua creación, y la existencia se asemejaba al leve viento que en las noches de verano nos acariciaba el pelo, cuando nos quedábamos a dormir en la arena de playa y lo inundabas todo de agua del mar.
ahí queda a las 23:20 |
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Thursday, April 03, 2008
la sencillez de nuestras palabras
y la risa que desencadenan
risa que fluye a través de los cables
y que llega como siempre sin retraso,
son sólo una pequeña cosa
que no es capaz de explicar nada
y que no necesita de nombres
de días ni de esperas sólo
continuar arriba o abajo
pero siempre sin olvidar nuestras voces
que ríen juntas al unísono,
sin olvidar de qué está hecho el camino
o sea de huidas y esas cosas,
y plantar nuevas flores
que necesiten cuatro manos,
y comer muchos libros
a la hora de la siesta en el sofá,
o sea ver la sencillez en las paredes
azules como tus ojos,
observar el contraste de nuestros cuerpos
o palabras o gestos o gustos varios
sin pensar 'hay que ver éste, o ésta',
o sea con el bolsillo lleno de cosas buenas,
o sea, justo como dijiste ayer,
regalándonos fe y globos de colores,
amando sin ruina al fin y al cabo
en una casa o un banco o una discoteca
intercambiando nuestras caretas,
riéndonos de la vida,
no sé cómo explicarlo.
ahí queda a las 21:56 |
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Thursday, March 27, 2008
53
Un leve viento baila con mi pelo.
El cielo es tricolor y no sé
cómo terminará esta noche.
Arena en las escaleras de pizarra azul.
Un paisaje inevitablemente triste
pero a la vez inocente, me envuelve.
Hay veces que no me siento las manos
ni los dedos de los pies,
bajo el coche un gato abandonado
me mira con ojos desafiantes.
Todo está vacío y es tan raro
que le falten tantos detalles a esta postal;
quizá con el tiempo vayan llegando.
Las puertas cerradas de habitaciones oscuras
no dejan más salida que esta:
coger el cuaderno color naranja,
el lápiz rojo, y a ver qué sale.
ahí queda a las 22:08 |
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Saturday, March 15, 2008
43
En el camino de vuelta era todo del mismo color, las grandes cosas de alrededor dispuestas de la misma manera que el resto de las noches.
He llegado con ganas de decirte, vamos a soñar que de repente llamo a tu puerta, 'perdona, vengo a quedarme entre rizos y bolsas de mercadona' y no dudas en dejarme pasar, dejarme beber de tus ojos azules infinitos, jugar con tu pelo e imaginar que el tiempo no existe, que es un estúpido invento, el reloj hace ya tiempo que se paró.
Y sí, mis dedos forman un corazón, un corazón inquieto que necesita que lo agarren fuerte, que expriman todo su jugo; bébeme poco a poco, mientras el cielo sea azul oscuro, hasta que vuelva a casa en autobús quién sabe quizás me quedo (contigo)
Me voy a los prados verdes. Hasta dentro de una semana.
ahí queda a las 21:44 |
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Monday, March 10, 2008
África. Ismael Lo.
Al principio se ve sólo una persona, bailando en medio de la plaza, turistas la miran mientras engullen comida insípida, otros hacen fotos a monumentos históricos, bailando sin parar, acompañada únicamente de miradas, se acerca otra persona, le pregunta si puede bailar también, ella sonríe todo lo que puede y bailan ya dos personas, poco a poco la gente se anima, ya nadie pregunta si puede o no bailar, bailan los que quieren, los que se sienten parte del baile colectivo que no lleva nombre alguno sino el de todos, así es como la gente se va uniendo en la plaza, tocando las palmas y avanzando hacia delante, cada uno grita lo que quiere, en lo que cree, y todos están de acuerdo porque parten de la base del respeto, nadie se atreve a cerrar los ojos no vaya a ser que se pierdan los cambios que se suceden alrededor a cada momento, ellos dicen, conocer la realidad, sus porqués escondidos, siempre sin dejar de tocar las palmas, que no vean nunca nuestras lágrimas, siempre juntos, sin que se rompan los lazos, agarrados de la mano muy fuerte, con el corazón lleno de rabia, de rabia y de alegría, sin olvidar qué pasa, por qué no lo llaman bipartidismo si los que parten el bacalao son únicamente dos, por qué democracia si no todo el mundo tiene derecho a hablar, por qué país desarrollado si hay gente que se muere de hambre, por qué mucha calidad de vida si la gente está triste, aislada, es egoísta, en definitiva inhumana, qué calificativo tan cruel, demasiadas máquinas quizá, demasiadas leyes, demasiados cabos sueltos en un mundo donde nadie quiere ser mi amigo, convencido de que no es eso lo que necesita, pero basta ya, imaginemos el mundo por un instante, el mundo que queremos, preguntémonos cómo se puede alcanzar, con qué medios y ayudas, entonces desde abajo comenzar sin importar si uno sube o no, lo importante es el camino, el fin lo conocemos, el camino, el deseo, ¿qué deseamos?, nos preguntamos, deseamos eso, sencillamente eso, nuestro propio camino, una vida que sea nuestra, sólo nuestra, que la sintamos como siente uno el roce de la hoja de un árbol en el pie, suave, alegre, una vida que nadie nos haya preparado, impredecible, pequeña, grande, una vida inventada por cada uno de los que estamos aquí, en la plaza, bailando al sol del corazón.
ahí queda a las 22:46 |
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Wednesday, March 05, 2008
08.02.08
rescatado de algún lugar
la búsqueda,
la búsqueda insaciante
de los rincones de tu cuerpecito,
de las palabras en las que me escondo
cuando algo me da miedo,
de la vida, la vida que en vez de abrirse
se cierra antes de que pueda palparla
con mis manos pequeñas,
con mis manos temblando,
intentando aferrarse a ella,
antes de todo,
después de nada,
y al final del día ver cómo
se esfuman los deseos
los pocos deseos que me invaden
cada noche antes de dormir
en clase también se dedican a volar las palabras perdidas. a veces -sólo a veces- me da por mirar al techo y las veo chocándose unas con otras sin saber adónde ir; entonces, las voy cogiendo, las pongo en 'orden' -en un orden que nadie entiende- y así después suspiro aliviada, por haberlas ayudado, aunque sólo sea un poquito.
ahí queda a las 19:21 |
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Saturday, February 16, 2008
tournée du chat noir
anoche con los pies tapados me decía una voz he aquí la solución que no pidas a la vida más de lo que te puede dar y pensé en lo que me podía ofrecer -nada bueno desde luego- tratando de sacar la belleza de algún lado o al menos un paisaje que no dañe demasiado a estos ojos, al final llegó una sensación algo así como de resignación ante un escaparate con inutilidades en oferta, algo caerá si me queda dinero en el bolsillo;
ahora vuelan palabras y otras en el suelo aplastadas ahí os quedáis, porque no es justo nada de lo que seres transparentes me dieron, tanto desorden tantos sueños -de todos los colores imposibles- y mis múltiples incapacidades si lo sabíais entonces por qué me pregunto, pero miran hacia otro lado como si no fuera con ellos, porque tienen suerte, tienen suerte y yo no, o más bien puede ser que no sé pulsar el botón on, te imaginas que la suerte al encenderse me traiga rayas y patillas -o al menos dos brazos- uno nunca lo sabe;
entonces luego, hablamos del aire fresco de la calle o del aire-tabaco de una casa, de botas negras y caídas, de los múltiples sucesos que dan lugar al movimiento en s, a los cigarrillos insípidos los tambaleos, a recordar libros y palabras bonitas que merecen ser asesinadas, el paulatino proceso de enterrar la mierda y sentarse encima o de tirarla al pozo -cuál de las dos mejor- después de que la noche comience a hacerse vieja y uno se olvide de cómo se cuenta si iban cinco o ocho -qué más da-, y si el botón definitivamente está en on entonces vamos a sentir la música robot y a dar vueltas, vueltas vueltas con los mofletes muy rojos, llegar a casa y seguir dando vueltas, fumarme un porro,
echarme en la cama y que me salgan las palabras, lo siento de veras no tengo fuerzas, escribiros vosotras solas, libreta chat noir primera página.
ahí queda a las 21:57 |
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Monday, February 11, 2008
sobre los domingos
I
los domingos ah los domingos
te refieres a esos días vacíos
que no haces nada o haces
todo lo que queda por hacer
si si, el último día
de estas tristes semanas
el fin del mundo, ¿no?
sí, a mi también me lo parece
y que aunque te pongas una falta
bonita y unos zapatos negros
todo te parece asqueroso
y piensas mañana es lunes
nada va a mejorar nada
hazte a la mierda-idea
ya mejorará otro día
todos los domingos son iguales
II
había escrito un poema
muy triste sobre los domingos
sin embargo lo borraría
para decir que no me creo
la de vueltas que dan los días
mejor así, me parece
que habría que dedicar más tiempo
a buscar pequeñas alegrías
no me importa dónde estarán
si sé que las voy a encontrar
ahí queda a las 18:14 |
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Thursday, February 07, 2008
I
Este amor con esta lluvia. Sin frío. Este amor tan frágil, tan delgado, que sólo se alimenta de ilusiones, de sueños, de esperanzas que desaparecieron. Este amor que lucha en vano por saltar a la realidad, y no puede. Sólo vacío, sólo agujeros por donde caer. Este amor que yo conservo a pesar de todo. A pesar de las ausencias, del paso lento de los días. Este amor, que sólo yo siento.
ahí queda a las 19:37 |
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ee
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Thursday, January 24, 2008
Je ne sais rien.
Tout ce que je sais
c'est que je t'aime,
sans espérance,
avec désir.
ahí queda a las 21:26 |
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Saturday, January 12, 2008
XXXIV
de repente sin esperarlo nos encontramos,
algo que siempre nos termina sorprendiendo,
y te miro y pienso que sabes mejor que nadie
vivir envuelto en esa atmósfera de ternura
(y esa ternura es para mi
una suave brisa de alegría)
sé, por las cosas que callas,
todo lo que llevas dentro, y sé también
que por miedo te transformas delante mia
en un frágil niño pequeño que no quiere
recibir ayuda de nadie
(pero sabes que algún día
te terminaré abrazando)
quiero que me lleves hacia la tranquilidad
en la que vives durante todo el día;
quizá consigamos llegar a lo más alto
impulsados por nuestra pequeña tristeza
(que va a desaparecer
al llegar a la primera nube)
entonces más pronto de lo esperado
no hará falta pedirte nada
porque ya estarás preparado;
tus brazos abiertos derramando amor
y al encontrarnos de nuevo me hablas
hablas con palabras y con miradas:
rayos eléctricos que se dirigen
a mi corazón de puertas abiertas.
ahí queda a las 00:47 |
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Wednesday, January 02, 2008
29.01.07
XXVII
En este aparente desorden todo es mentira. Una visión deformada de la realidad, puesto que esta se presenta ante mis ojos como vacía, vacía y a la vez cortante, dañina. Hay entonces una coraza que me envuelve y me protege de todo lo que viene de fuera; me protege y me limita. A veces la olvido en casa, a esa coraza, y a veces -sólo a veces- todo parece más real, más sencillo.
Y al rededor sólo hay corazas, todas mas fuertes, más resistentes al daño; la mia se rompe si alguien la roza con palabras como balas.
Pero yo no deseo una coraza como la que llevan ellos. Quiero desprenderme de su peso y salir a la calle pensando que lo único que siento es mi cuerpo, mi cuerpo y tu amor.
ahí queda a las 00:34 |
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Monday, December 17, 2007
XXIII
sonríe siempre,
mira a los ojos cuando hables,
no tengas miedo,
no pienses demasiado,
los demás son enemigos,
no protestes,
no digas que no,
cumple con tus obligaciones,
seduce a los hombres,
maquíllate,
usa tacones,
échate colonia,
aparenta ser feliz
por encima de todo,
no dejes que nadie
te quite esa máscara;
olvida tus sueños,
olvida quién eres
ahí queda a las 22:38 |
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Sunday, December 16, 2007
XXVI
imaginando que existes,
que de verdad caminas
por mis mismas calles,
que piensas en mi
antes de acostarte
y etcétera,
suponiendo
que has de aparecer
tan pronto como
sea posible,
que estás por aquí
aunque no te reconozca,
aunque no te vea,
imaginando que existes,
aún así,
hay veces que me parece
que tal vez no sea verdad
que nos tengamos que encontrar
ahí queda a las 22:47 |
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Saturday, December 01, 2007
30.11.07
con la música de la tarde
y el frío metido en los pies,
pienso en huidas de repente,
en un viaje hacia el infinito
imagino que te me apareces
susurrando que nos vamos ya,
yo cojo una libreta en blanco
y agarro tu mano muy fuerte
nos vamos a ningún lugar
a ese que son todos a la vez,
hay niños, paz, y hace sol:
nunca más tendremos frío
ahí queda a las 20:13 |
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Thursday, November 29, 2007
rescatado del 18 de noviembre
donde yo estoy no queda nada. la puerta está siempre abierta, pero nadie entra; a lo sumo alguien se asoma, y sigue caminando.
puedo ofrecerte mis miedos, pero sólo si los transformas en certezas; no quiero que plantes en mi nada que luego vayas a dejar secar. eso ya me lo conozco.
no es fácil sentir que sea verdad, pero si lo conseguimos prometo darte lo que queda de mi corazón, encogido y mil veces vomitado. si lo conseguimos no podrás soltarme la mano, al menos hasta que la otra no esté también agarrada a algo.
y no es culpa mía tener que escribir esto, ni tener que esperar doce horas al día a que aparezcas. sólo que aquí hace tiempo ya que nadie entra; la puerta abierta en la desordenada habitación
ahí queda a las 19:15 |
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Friday, November 16, 2007
XIII
estar frente al papel en blanco
no es sino la libertad absoluta,
la libertad para buscar palabras
no dichas, palabras nuevas,
frescas, como este aire de otoño.
sucede que necesito expresar,
con esas palabras, justo lo mismo
de antes, lo que siempre me persigue
a pesar de intentar cerrar
todas las puertas de la habitación.
estas ganas desganadas, estos sueños
ya rotos por el paso de los días,
la línea que nos separa sin quererlo;
tener que aferrarme al papel en blanco
cada vez que la nostalgia me envuelve.
ahí queda a las 20:23 |
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Tuesday, November 06, 2007
¿qué esperan de nosotros?
¿que vayamos
a donde nos indiquen;
es decir, al matadero
de conciencias?
¿que llevemos
una vida monótona
con muchas cosas
y poco tiempo?
¿que no seamos
sino lo que hacen de nosotros?
vuestros consejos no me sirven de guía.
rechazo la vida que me habíais planeado.
yo escojo
el camino
que he ido creando.
ahí queda a las 19:00 |
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Thursday, November 01, 2007
Aquella mujer me dijo:
'Desgraciadamente, las apariencias importan'
Yo me pregunto...
Si es una desgracia,
¿por qué lo acepta
como si fuera
una verdad universal?
Y como esas verdades,
tantas mentiras.
ahí queda a las 22:48 |
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Saturday, October 27, 2007
20.10.07
en días como este,
cuando es muy tarde
y no hay más que almas
vagando en la noche,
buscando una señal
de vuelta a casa.
un día cualquiera,
pongamos un viernes
cuando es imposible
andar sin sentirse perdido,
buscando risas y un lugar
donde callar la pena.
en días como este,
cuando mis pies están
ya bajo las sábanas,
necesito decirte algo;
decirte algo sin palabras.
ahí queda a las 22:00 |
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Sunday, October 21, 2007
19.10.07
te estoy mirando, te miro
a través de la hilera de gente;
esta gente que se cruza
entre tú y yo.
te veo bajar la cabeza
como si no soportaras
llevarla contigo,
esa cabeza que, imagino,
está llena de pájaros.
¿qué tienes ahí dentro?
enséñame lo que escondes,
sin miedo, dime qué cosas guardas
y no enseñas a nadie.
déjame entrar en tu mundo,
descubrir tus secretos,
explícame esas cosas
que no cuentas a los demás.
quiero indagar en tus sueños,
por si se parecen a los míos.
déjame entrar en tu mundo;
ese mundo que nunca nadie
ha podido conocer.
ahí queda a las 22:15 |
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Thursday, October 11, 2007
'fuimos un gran salto...'
Por mucho que cambien las cosas de sitio, la habitación siempre estará desordenada. La habitación, mi cabeza. A veces todo se da la vuelta y aparecen risas inesperadas, risas tontas por ningún motivo, y en ese momento, mientras oigo esas carcajadas, todo lo demás desaparece. Estaría bien que eso ocurriera cada dos días, por ejemplo.
También es agradable ir y volver en bicicleta al instituto, sobre todo cuando, sin hablar, nos ponemos de acuerdo para ir más deprisa y llegar a casa. Las clases de historia también me gustan, porque son diferentes y salen muchas verdades a la luz.
Mañana me voy a Madrid.
Pasan los días veloces, crecemos sin darnos cuenta (unos más, otros menos), y planeamos huídas que quién sabe si se cumplirán... pero es bonito vivir con alguna ilusión en el bolsillo. Yo tengo muchas, pero algunas ya las he tirado a la basura. Se estaban secando. Yo sola no las podía regar.
ahí queda a las 18:49 |
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Wednesday, September 19, 2007
1.
Voy a inventar una historia. Una historia de dos personas completamente ajenas la una a la otra. Una historia de dos personas; no una historia para cada una. Es decir, voy a hacer que se encuentren. Pero no sólo eso.
2.
Ella se llama Alicia.
Dentro de un mes y tres días cumplirá diecisiete años. Exactamente, el 17 de octubre.
Alicia disfruta con la salsa para pastas que hace su madre, y cuando está rodeada de sus amigos y todos ríen sin parar sin saber por qué. Le gustan los días despejados en los que hace frío, anotar las cosas interesantes que ve o que pasan, para que no se le olviden. También le gusta aprender cosas nuevas, y observar detenidamente, sobre todo a las personas.
Alicia no es alta, pero tampoco pequeña. Tiene el pelo corto, castaño claro. Su piel es muy blanca, porque en verano se esconde del sol.
Como es un poco despistada y soñadora, su madre siempre le dice que está 'en el país de las maravillas'.
Ahora mismo, Alicia está paseando con dos amigas. Es un día frío, de esos que a ella le gustan. Lleva unos vaqueros ceñidos y un abrigo largo color verde.
3.
Él se llama Santi.
Hace cinco meses y once días, cumplió veintitrés años. Exactamente, el 3 de abril.
A Santi le encanta devorar libros, y anotar desvaríos que, tras su lectura, nacen. Disfruta echándose en la hierba de los parques para pensar un rato. Le gusta la tranquilidad del campo, beber cerveza y reunirse con sus amigos para hablar de los temas que él considera importantes.
Es alto, aunque no demasiado, y muy delgado. Su pelo es el caos, según su madre. Oscuro y alborotado, aunque no muy largo. Hace ya varios días que no se afeita, y está estudiando Humanidades (hace unos años, Filosofía y Letras) en la Universidad de Sevilla.
Ahora mismo, Santi está curioseando libros en la libreria Beta de la calle Sierpes. Lleva unos vaqueros gastados y un chaquetón negro.
4.
Están a punto de encontrarse.
Santi acaba de salir de la libreria, con las manos vacías. Ha encendido un cigarrillo, que hará de compañero durante su paseo. Camina hacia el Starbucks Coffee, para saborear un café con leche y chocolate blanco.
Alicia ha estado viendo ropa con sus amigas y, como siempre, ha acabado de mal humor. Los precios, la cola del probador y de la caja, las tallas... todo le pone nerviosa. Han salido de la calle Tetuán en dirección a la Plaza de la Encarnación, para coger el autobús de vuelta a casa.
Donde se cruzan estos caminos, justo ahí, hay una zapateria cuyo nombre desconozco y cuyos precios son realmente disparatados. Enfrente, un kiosko en el que puede leerse, en letras doradas, NO8DO.
Entre Alicia y sus amigas ha nacido un silencio. Mientras sus amigas hablan de lo provechosa que resultó la compra, Alicia observa a la gente que va de un lado para otro. A la izquierda, la calle Sierpes, de donde acaba de salir, con cigarrillo en mano, Santi.
Mientras tanto, Santi se queja en su cabeza de los precios de los libros. Le resulta increíble que la cultura salga tan cara, y que aún nadie se haya dignado a publicar un libro de la poesía de Cortázar. Utiliza su propio método para tranquilizarse; observa a la gente e imagina sus problemas cotidianos. Está a punto de salir de la calle Sierpes.
Alicia mira a la gente que sale de dicha calle. Ve un rostro, serio, un cigarrillo en una boca que a la vez echa humo, y recuerda la manera de fumar de los hombres en las películas de los años cincuenta.
Santi llega al final de la calle y se fija en una chica, algo pequeña y triste, acompañada de dos amigas que probablemente hablen de temas sin importancia, mientras ella se siente casi invisible.
Se cruzan sus miradas en un instante. Santi la observa casi con compasión, mientras Alicia le habla con sus ojos: 'Sálvame'.
5.
Santi la ha escuchado. Ve cómo se aleja entre la gente, y Alicia, sobrecogida por la mirada tan comprensiva que acaba de recibir, mira hacia atrás.
Atrás está Santi; todo el mundo se mueve, menos él.
6.
El día siguiente, Santi lo pasa pensando cómo emprender la búsqueda para llegar a Alicia. Decide que se repitan los acontecimientos, al menos, por su parte. Si Alicia decide no acudir a su cita imaginaria, no la buscará más. Esperará a encontrarla, si tiene la suerte necesaria y la casualidad hace bien su trabajo.
Alicia se levanta temprano para limpiar la casa con su madre. En la mesa está la bolsa con la poca ropa que compró ayer. Hay un vaquero que, en realidad, no le gusta demasiado. Quiere descambiarlo, pero vendrían sus amigas. Y si sus amigas viniesen de nuevo, se repetiría el día de ayer; sería igual de sofocante.
Alicia decide ir sola. De repente recuerda al chico de ayer; iba solo, y sin embargo no parecía sentirse mal. Entonces piensa que, aunque las personas caminen solas, siempre hay alguien que les espera.
7.
Allí está Santi esperando en el kiosko con su bicicleta azul. Aparentemente tranquilo, fuma un cigarrillo y espera a que llegue la misma hora de ayer cuando se encontró con Alicia. Mientras observa a la gente que pasa; algunos volverán a pasar, otros no. Espera, aunque sin certeza alguna de que ocurra, que Alicia sea de esas personas que vuelven a pasar. Planea la manera de acercarse a ella; mira su bicicleta y decide que, si ella pasa por ese lugar, él empezará a pedalear justo cuando ella aparezca...
Alicia coge el autobús para descambiar el pantalón. En el camino se distrae con la gente que la rodea, para evadir la tristeza de su decidida soledad. El trayecto ha pasado más rápido de lo calculado. No tarda en descambiar su pantalón; ahora tiene doce euros más en la cartera. Pero no le apetece desecharlos y decide dar un paseo. Compra barquillos de canela en una plaza importante de la ciudad y decide volver a casa, por el mismo camino de ayer y a la misma hora.
Estaba pensando que serían muy afortunados nuestros personajes si se encontraran hoy, ¿no os parece? Pero lo cierto es que Santi está esperando en un lugar por donde Alicia ha de pasar para coger el autobús. ¿No es una casualidad muy grande? Quizás sí, pero es necesario que vuelvan a verse.
8.
Desde la pequeña terraza de un edificio antiguo, que da a la calle donde van a encontrarse, espero a que se crucen. Creo que está todo bien atado; Alicia se acerca, Santi ya se ha percatado...
-¡Aay!- Alicia pega un grito; Santi se arrepiente de su plan, que ha resultado asustar a su pequeña.
-Perdóname, perdóname por favor...- Su rostro es ahora más serio, como arrepentido, y de repente Alicia se da cuenta de todo, o eso cree ella. Sonríe como hace mucho tiempo no hacía, y dice, -No pasa nada, es que iba en mi mundo y no he mirado...-
'En su mundo...', piensa Santi, y su cabeza está ya bastante lejos, sin dejar de imaginar... '¡Eh! ¡Ya está! Ahí tienes a la chica que buscabas, ¿vas a seguir perdiendo el tiempo?', le dice una de sus voces interiores.
-No voy a seguir perdiendo el tiempo...- dice Santi. Alicia no comprende, pero sabe que no habla con ella sino consigo mismo, y no responde. Parece buen chico, no quiere ponerle en ningún compromiso.
Se miran, y cuando pasan dos segundos, al mismo tiempo sus miradas se dirigen hacia el suelo... Santi toma aire y lo explica todo, será más fácil.
-Te vi ayer, aquí. Nos cruzamos. No sé si te acuerdas. Lo de la bicicleta ha sido una mala excusa para acercarme a ti, pero siento mucho haberte asustado.-
-¡No pasa nada!- dice Alicia alegremente, como si sólo hubiera escuchado la última frase. Santi sonríe, le gusta la manera que tiene Alicia de aceptar las cosas que a él tanto le han costado decir.
Alicia vuelve a hablar. -Claro que me acuerdo de ti-.
Sus palabras están llenas de esperanza, son sencillas, sinceras. Claro que se acuerda. Ambos se fijaron.
-Te invito a un café- dice Santi, decidido. 'Es la típica frase, pero en ella, la palabra café adquiere el significado de 'cualquier bebida', piensa.
-Vale-
9.
Están sentados en las mesas que hay fuera del Starbucks Coffee. Así que, desde aquí, puedo ver cómo van las cosas.
-¿Qué quieres tomar?- pregunta Santi. Entonces se da cuenta de que todavía no conoce su nombre. Decide dejar la pregunta suspendida en el aire... pero la pregunta llega hasta Alicia.
-Café solo... ah, y me llamo Alicia.-
-Yo Santi.-
Entra rápidamente, pide un café solo, y el café con leche y chocolate blanco que tanto le gusta; es una ocasión especial. Santi está muy alegre, como hace tiempo que no estaba, porque Alicia tiene la facultad de escuchar a las personas aunque no digan nada, y porque ha tenido suerte de volverla a encontrar.
-Aquí tienes tu café solo, Alicia-. Santi quiere saborear ese nombre nuevo.
-¡Gracias camarero!- Alicia está radiante, se siente a gusto, tranquila en la silla color verde. Una ocasión así merece sacar un cigarrillo del bolso, pero el paquete está vacío. Antes de que le de tiempo a decir nada, Santi le ofrece uno, con sonrisa incluida.
-Hemos tenido suerte-, dice Santi. No espera que Alicia le comprenda totalmente, pero necesitaba decirlo. Necesita compartir su alegría con ella.
-Mucha. Ha sido una casualidad habernos encontrado. !Esto no pasa todos los días!-
Santi comprende. Sabe que no debe desaprovechar una oportunidad así. Piensa en las últimas horas, en la esperanza, en sus sueños, en el reencuentro, en el valor para acercarse que no sabe aún de dónde sacó...
Alicia le mira, 'qué chico tan curioso...', ella no esperaba encontrarle, pero su recuedo, el recuerdo de ayer, seguía vivo en su memoria.
'Mucha... mucha suerte.'
10.
He bajado a la calle y, antes de desaparecer, he visto a Alicia y a Santi. Seguían en la cafetería, disfrutando del comienzo. Espero que el camino que recorran juntos sea diferente, como ellos, y su amor, que sea sencillo, puro, desinteresado. Pero eso ya no es cosa mía. Yo he logrado que se encuentren.
El final, no está en mis manos.
ahí queda a las 23:54 |
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Monday, September 10, 2007
hace ya unas semanas
me pregunto a veces
(aún sabiendo
que no debería hacerlo)
si tú me piensas
como yo te pienso
si tú me imaginas
como yo te imagino
(bueno, no igual
sino los dos a la par)
si tú me sueñas
en las tardes frías
si tú me inventas
como tú, perdida
si tú me quieres
como yo te quiero
de esa manera
que es no queriendo
me pregunto a veces
(aún sabiendo
que no debería hacerlo)
si tú me entiendes
cuando te escribo esto
ahí queda a las 23:58 |
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Tuesday, September 04, 2007
a ver qué os parece:
www.trocitosdecolores.wordpress.com
ahí queda a las 18:18 |
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Friday, August 31, 2007
'desvaríos de un minuto'
si yo fuera capaz
de no esperar algo un solo instante,
una señal que me indique
que estoy en lo cierto,
que vas a estar cerca y me quieres,
si yo pudiera
aceptar esto con tranquilidad,
con la misma con la que acepto
tener que ir a hacer recados,
u ordenar la habitación o el armario,
si yo no pensara
contínuamente los porqués
ni los cómos, ni los cuándos,
si no estuviera
con la misma idea en la cabeza,
si yo pudiera
sencillamente
ser capaz
de no esperar
nada
si yo fuese capaz
de aceptar
que así son las cosas
y que las casualidades
se dan
o no se dan
si yo de verdad pudiese
tener al maestro bécquer enfrente,
le diría -perdone usted, no se ofusque,
pero cuando escribió
'poesía eres tú'
no sabía lo que decía-
entonces...
yo sería otra persona
cualquiera, lejana
y no la que espera tu regreso
con una carta casi desecha entre las manos.
ahí queda a las 19:43 |
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Thursday, August 30, 2007
lejos de la ciudad
del ruido y de los coches,
con el frío
pegado a los pantalones.
lejos de ti
más que nunca
pero a la vez
máscerca
sin saber por qué.
con la fiesta
y los pasodobles;
con la nostalgia
y los temores.
y con una alegría
en todo el cuerpo
que lo hace bailar
en la noche fría.
una alegría
que aparece
cuando
sencillamente
recuerdo
que existes.
ahí queda a las 14:28 |
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